martes, 24 de junio de 2014

Una rayita más al tigre.

-Hola.
-Qué tal.
-¿Qué buscas?
-Amigos y ¿tú?
-Acción...

El auge de las redes sociales nos permiten estar en contacto con nuestros amigos y familia, así como nos da la posibilidad de conocer gente nueva todo el tiempo. El pink market ha visto su participación en el desarrollo de la sexualidad en México como nunca se había visto. Hace aproximadamente 6 años, el conocer gente de ambiente LGTB se veía reducido quizás, a los puntos de encuentro, avisos en el periódico y al azar. Hoy día es muy simple conocer a algún chico y encamarse con él, sin saber absolutamente nada de él; sobrepasando el estilo de vida Norteamericano en el que las citas están a la orden del día. Basta con descargar una aplicación en el smartphone, acceder a ella, subir una fotografía y listo, eres bienvenido a una vida de promiscuidad y exploración sexual.

No me mal interpretes, el sexo es bueno, pero ¿qué tan bueno es para nosotros, gays y lesbianas, el grueso de la comunidad LGTB, adquirir fama de algo que por décadas hemos rechazado ser y que nos estigmatiza? La mayoría va muy unida a las marchas del orgullo; nos besamos con uno y luego con otro. Vaya, yo no le veo nada de malo pero me hace ruido el nivel de superficialidad a la que estamos llegando.

Dentro de esas mismas aplicaciones es común encontrar a algunos incautos que no pierden la esperanza de encontrar el "amor", pero que en su búsqueda por aquel cuento de hadas pierden el rumbo y después desatan a la ¿loca? que llevan dentro.

Es más común encontrarse con quienes se creen paridos por los Dioses del Olimpo -denominación que ahora forma parte del argot gay- y que no hablan con cualquiera, salvo con quien ellos eligen. También están aquellos desesperados por amor y se vuelven un verdadero dolor de cabeza, pues en apariencia, aun no consiguen entender que el 95% de los individuos que se conectan a cada segundo a esas aplicaciones buscan nada más que un banal encuentro carnal que sacie su lujuria desmedida sin necesidad de saber los nombres reales, basta con que el trozo de carne de "Usuario_Hot_63" se vea antojable para decirle que sí... o en todo caso decirle que no puedes y salir en búsqueda de la siguiente víctima.

Pareciera un sistema de subastas, ¿quién da más?, ¿quién da más? Solo acceder a quien luzca atractivo, musculoso, tenga coche y lugar para el encuentro suena a la mayor banalidad con la que podría toparme en la comunidad LGTB. Es cierto, muchas veces nos han tachado de superficiales y en estos sitios de encuentro no se hace la excepción. Ahora bien, ¿qué sabemos de la otra persona? ¿Por qué creerle a la primera de que está sano y casi es virgen? ¿De verdad es confianza o un nivel de valemadrísmo excelso? En Coacalco, hay un sitio de encuentro para sexo express, es sencillo, llegas, encuentras quien te haga el servicio, "comes" y te vas. Pero hay una trampa. Sí no le caes bien a los chicos que laboran "secretamente" en ese lugar te entregan a la policía municipal, pero descuida, es mero arreglo entre la policía y esos muchachos que no lucran con sus cuerpos pero que sí albergan más de una infección de transmisión sexual.

Oh sí, el gobierno de Coacalco conoce la situación y les permite, sin pena ni pudor, hacer uso de las instalaciones de ese centro comercial a cambio de un incauto a la semana, de quien obtienen su renta por uso de suelo.

Además, permite mi descaro, la cantidad de hombres calenturientos sin tapujos va en aumento, tan es así que en baños públicos, vehículos de transporte público es común encontrar oraciones peculiares que invitan al acto sexual entre hombres, sin "compromiso" y a domicilio.

¿En qué nos estamos convirtiendo? la identidad del homosexual se ve sujeta a unas cuantas aplicaciones que cuentan con localización y además, permiten el envío y recepción de fotografías y vídeos para aquello del sexting; ¿Quieres un hombre para ahorita? Conéctate, estoy seguro que a menos de un Km a la redonda encontrarás a alguno que ya tiene los pantalones abajo.

Reitero, no me persigno ni satanizo el sexo. Considero que la experiencia sexual, es decir, saber que hacer, como hacerlo y hacia donde movernos no tiene nada de malo cuando se trata de complacer a nuestra pareja, empero... hablo de una pareja, no hago referencia a la siguiente víctima de nuestra lista negra. Tampoco hablo de cuentos de hadas en el que mágicamente aparecerá el príncipe azul, pero sí un poco más de ¿moral? ¿reserva? No me espanto, pero sí encuentro decepcionante el hecho de encontrarme con gente que ya "conoce" a todos y no los mantiene en la privacidad de su cama. Por el contrario, alega de sus aventuras como lo haría el heterosexual de las preparatorias y desprestigiando a quien fuera sus cinco minutos de desahogo.

A un nivel más "elitista" existen lugares de encuentro que se manejan como todo un suceso al mero estilo europeo en el que el respeto, la no discriminación por ser gordo, chaparro o calvo, y la privacidad de sus habitaciones y saunas valen cada uno de los preciados pesos que se pagan para tener acceso; además de que el paquete de entrada obsequia condones y lubricantes a sus clientes. Hablo de elitismo, de un modo de vida al alcance de pocos y que habla de su "refinado" estilo de vida y su "refinada" sexualidad. También existen sitios de Internet especializados en la cacería de hombres que se esmeran por generar una cultura de prevención y critican la superficialidad del gay actual.

Empero, ¿cuánta gente acude a estos lugares elitistas y hace caso de los mensajes del sexo seguro? Conozco a contadas personas que de verdad cargan con condones y los usan porque se previenen, viven la conciencia de que las ETS están a la orden del día, mientras que otros, desafortunadamente la mayoría, vive optando por la ignorancia y arriesgándose a enfermar y arruinar su vida porque no contarán con los recursos económicos para un tratamiento preventivo de calidad en contra de alguno de estos virus.

Ahondando en esto último pareciera que hablo de la comunidad homosexual económicamente activa, adultos que en apariencia deberían ser responsables y cuidadosos. En gran parte, es así. Sin embargo, así como estamos viendo una explotación del bullying a nivel nacional, no dudo que pronto tendremos estadísticas, reportajes, documentales y movimientos sociales que pretendan prevenir la propagación de ETS en adolescentes y adultos jóvenes.

En mi experiencia navegando por esas aplicaciones me he topado con varios casos de jóvenes de entre 15 y 17 años buscando un encuentro sexual sin compromiso, ¿quién soy yo para juzgarlos? Nadie, pero sí exijo encarecidamente que la cultura sexual sea apropiadamente estudiada en la secundaria y preparatoria. No basta con que regalen condones de baja calidad, las enfermedades de transmisión sexual se contagian con el intercambio de fluidos como besos y a través del sexo oral, o el deepthroat que está tan de moda y para los cuales solo pocos usan la protección adecuada.

El sexo está a la orden del día, mejor dicho, a tan solo un click, pero también lo son las enfermedades de transmisión sexual. ¿Qué estamos haciendo con nuestra sociedad, además de volvernos más superficiales, "exigentes" y descuidados?


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